Refugio LIII – Ego, material destructor

Refugio LIII – Ego, material destructor

Arrancó la hoja de noviembre del calendario. El calendario deshojado, sólo con una hoja, le  retrotrajo a su niñez. Quedó absorto un rato, contemplando la hoja del mes de noviembre. En uno de aquellos días de noviembre de hacía tantos años, había nacido su madre. Su madre, cuántos años sin verla, sin tocarla, sin olerla, sin oírla, sin su regazo…

– ¿Qué sucede Khaled? Preguntó su hermano Ahmad.

– Es la nostalgia que me ha dado un picotazo de aúpa. Al quitar la hoja del calendario, me he acordado de madre con mucha nostalgia, en este mes hubiese cumplido años. Sin embargo la brutalidad de la guerra, nos dejó sin ella, sin ellos, sin parte de nosotros.

– ¡Chisssss. Mírame Khaled! Arrulló a su hermano mientras le decía: Salta y salta, y lleva sal en su nombre.

-¡Sal-ta-mon-tes! Dijo Khaled sonriendo.

-Eso es, así querrían vernos nuestros padres. Siempre te lo digo, nos seguimos teniendo el uno al otro y a nuestros amigos, que ya son nuestra familia.

– Es cierto, no debo ser tan egoísta. Algunos, muchos han tenido  peor suerte.

En este mismo instante, en cualquier campamento de refugiados, donde se hacinan en condiciones pésimas, personas que siguen huyendo de la guerra de Siria, y de otras muchas; ser mujer, refugiada y pobre, deja en cero las posibilidades de que dicha persona no sea víctima de violación, hambre, frío… Aquí los puntos suspensivos podrían llenar renglones y renglones.

Seguramente, en otro punto del planeta, mientras Ahmad intenta despistar del dolor a su hermano Khaled, jugando a las “palabras cortadas” y  miles de mujeres son violadas, también en el fondo del océano, los corales y las algas estén sufriendo por su subsistencia, los  cadáveres no dejan que penetre el oxígeno en el fondo del mar cementerio. 

Mordida existencial: ¿Qué misterio  hace que el hombre destruya al hombre? Los científicos, deberían ponerse manos a la obra, descubrir vacunas que nos inocularan contra nuestro propio ego. El ego es el virus más destructivo de todos. Pero  de momento, lejos de querer erradicarse, parece que lo que mola  es tener mucho, mucho, cuanto más ego mejor. Solo cuando el hombre extinga al hombre, el ego se hará polvo, y se desintegrará.        

Manuela Bodas Puente – Veguellina de Órbigo.

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