Actúa León concluye que León es una ciudad perdida

Actúa León concluye que León es una ciudad perdida

La ciudad de León no ha tenido suerte con sus dirigentes ni durante la dictadura, ni antes ni después. Desde mediados del siglo XIX hasta hoy, con escasas y honradas excepciones, el ayuntamiento de la ciudad ha estado siempre en manos de las personas que han representado los intereses económicos de una manera directa o como testaferros de aquellos. Los intereses de los ciudadanos han quedado siempre al margen de las decisiones municipales y solo hemos tenido suerte los leoneses cuando han coincidido lo que defendía el pueblo con lo que les interesaba a las clases dominantes, como, por ejemplo, cuando se decidió abrir la ciudad histórica hasta el río, con el Ensanche, una buena planificación, tan buena que aún resiste el acoso de los intereses de los especuladores, cosa que no han aguantado otros barrios que se han planificado con posterioridad.
En ningún momento, salvo el apuntado, los dirigentes de esta ciudad han pensado en la misma, siempre se han tratado los problemas de León en parcelas, según el interés, y por partes, nunca globalmente. Por ello la ciudad está dividida en zonas sin comunicación entre ellas, en departamentos casi estancos que no tienen relación unos con otros.
No existe un proyecto de ciudad y no lo ha habido en ningún momento a lo largo del siglo XX y por ello nos encontramos hoy con elementos consolidados imposibles de resolver, no solo por cuestión económica, sino también social. A pesar de ello la ciudad puede y debe hacer frente a sus problemas para dar las soluciones a todos ellos.
Las últimas corporaciones no han hecho nada en este sentido y ahora nos encontramos con una ciudad en la que las exigencias de la ciudadanía muchas veces no pueden tener una solución fácil y posible.
Analicemos la ciudad de hoy.
A lo largo del siglo XX se fueron planificando alrededor del Ensanche diversas zonas con unos planeamientos más especulativos, con calles más estrechas y espacios más reducidos, lo que hoy nos provoca problemas de tráfico casi irresolubles. En los años sesenta, poco antes de que arrancara la burbuja especulativa algunas ciudades como Ávila y Lugo, realizaron unas intervenciones urbanísticas que han dado al final una solución de tráfico alrededor del Casco Histórico que permite una movilidad mejor que la que ha provocado aquí la peatonalización de nuestra ciudad histórica.
La falta de previsión y los intereses de los especuladores ha llevado a que se levantaran numerosos edificios sin la exigencia de tener que hacer plazas de garaje suficientes para los ocupantes de los pisos. Por ello nos encontramos con que tenemos que crear en las calles numerosos aparcamientos no para aquellos que se desplazan por la misma por necesidades económicas o sociales, sino para los que viven en las propias calles.
Este problema viene incrementado por la densificación de muchas zonas a causa de que los Planes Generales de Urbanismo se han hecho siempre en favor de los especuladores, aumentando las alturas de los edificios, el fondo de los mismos y los retranqueos, que en ocasiones parece que quisieran llegar hasta el cielo.
Además esta connivencia municipal con la especulación está confirmada por la autorización de demolición de edificios, que no amenazan ruina ni son un peligro, solo están abandonados para provocar su deterioro sin que nadie les obligue a pasar la Inspección Técnica de la Construcción y a rehabilitarlos, que se pasan luego años en solar esperando mejores resultados económicos y dejando una imagen de la ciudad desastrosa, especulando con el suelo.
Con estos problemas de densificación, tráfico y aparcamiento en ningún momento desde el ayuntamiento se han tomado el transporte urbano en serio. La ciudad debe de comunicarse con sus Juntas Vecinales (Trobajo del Cerecedo, Armunia y Oteruelo) y las poblaciones vecinas (Navatejera, Villaquilambre, Villaobispo, Trobajo del Camino, San Andrés del Rabanedo,…) con un transporte público eficaz que permita a los residentes en todos estos lugares moverse con eficacia sin tener que usar el vehículo particular y para ello se necesitan autobuses de un tamaño acomodado a las necesidades y no los monstruos que no caben por las calles y complican el tráfico, unas líneas que permitan llegar de un punto a otro en un tiempo correcto, no como ahora que se tarda menos andando que en autobús, y con una periodicidad eficaz para los usuarios.
Hasta ahora solo se ha buscado, con el servicio de autobuses, favorecer a la empresa concesionaria, que ha empleado vehículos muy grandes para las calles, una periodicidad muy alta y unos trayectos absurdos que solo responden a que la empresa cobra por kilómetro recorrido. El transporte público ha de ser público, valga la redundancia, y no privado, gestionado directamente por el ayuntamiento, con las condiciones que hemos apuntado, y coordinado con los ayuntamientos vecinos.
Si seguimos sumando nos encontramos con que a todos estos problemas se une la necesidad de hacer un hueco en las calles a la bicicleta y a los nuevos vehículos individuales (patinetes eléctricos,…) y desde el ayuntamiento no se hace nada. Se hacen arreglos a precio de oro en calles, como por ejemplo Ordoño, si a lo que se hizo se le puede llamar arreglo, y no se les ocurre dejar un espacio para las bicicletas. Eso sí, la recaudación a costa de la nueva ordenanza de tráfico va viento en popa.
Resumiendo, el tráfico y las comunicaciones en la ciudad son un caos total y cuando alguien propone soluciones no les interesan puesto que siempre están en confrontación con intereses particulares que hay que respetar, para eso están en el ayuntamiento. Ni siquiera reducir la velocidad a 30 km/h en todo el municipio subsanará esta situación.
Añadamos que las señalizaciones de la ciudad dejan mucho que desear en todos los sentidos. No hay indicaciones de tráfico en el centro para saber por donde se puede salir a coger las carreteras, pero esto no es un problema de León, es un problema de España entera. No hay ninguna indicación para llegar al centro cuando se entra por cualquier carretera y tampoco hay señalizaciones para salir a los pueblos cercanos. Llegar desde el centro de León a Villaobispo es imposible y a San Andrés del Rabanedo una tragedia.
El segundo punto que nos demuestra el desastre de ciudad en que vivimos es el estado en que se encuentra la misma. Hace muchos años que se dijo que las calles de León parecían un muestrario de una empresa de pavimentos. Nunca se ha hecho una planificación de materiales ni para las aceras ni para las zonas peatonales. Cada vez que se ha emprendido una obra en alguno de estos puntos se ha empleado el material que ha propuesto la empresa de turno o el técnico correspondiente y así al pasear por algunas partes de la ciudad nos encontramos en menos de 200 metros con más de cuatro pavimentos distintos.
Aparte de la desastrosa imagen que esto ofrece de la ciudad plantea otro problema que es el de la reposición de losetas rotas por deterioro o por obras; así vemos que, no solo hay varios pavimentos en la misma zona, sino que no se mantiene la continuidad de dicho pavimento pues está lleno de remiendos con piezas distintas. Con tantos modelos no se pueden tener almacenadas piezas para reponer y, por ello, muchas veces no se hacen reparaciones.
Pero este no es el único problema de las aceras y zonas peatonales de la ciudad. Hay que añadir que no existe un mantenimiento para estas zonas y no hay una acera en esta población en la que no se levante una baldosa, al contrario, andar por muchas aceras y zonas peatonales parece que estamos tocando el piano pues se levantan y mueven la mayor parte de ellas. Si a esto unimos la nefasta costumbre de aplicar agua a presión sobre acercas y pavimentos, hecho que se lleva el poco cemento que se ha usado para asentarlas, al pisar vamos salpicándonos los pantalones o las piernas.
Hoy recorrer algunas calles del Casco Histórico es una tortura y no digamos nada del suelo de la plaza Mayor.
Entrando en este último punto hay que preguntarse quienes son los responsables de controlar las obras que se realizan en la ciudad. No se entiende como se pudieron dar de paso las obras de los aparcamientos de la calle Ordoño II y de la plaza Mayor, pues desde el primer momento se vio que no estaba ninguno de las en condiciones y el tiempo ha dado la razón. Tampoco ha sido muy correcta la inspección de la mayor parte de las obras de pavimentación del Casco Histórico, donde cada poco hay que hacer obras de reparación que no sirven nada mas que para lavar una cara con lepra, que cada vez está peor.
Pensando mal a lo mejor esto es lo que se busca para así volver a contratar otras obras, siguiendo el cuento de aquel albañil que todos los años era llamado para retocar el tejado de una casa y un año se encontraba mal y fue a realizar las reparaciones su hijo y a la vuelta le dijo al padre: En este tejado ya no vamos a tener que ir mas pues ha quedado perfecto; y el padre le respondió: A ver de que comer el año que viene. Esto, si es así, tiene un nombre: Corrupción
Con estas mimbres no es extraño que la ciudad esté sucia. Las aceras y las calles peatonales con las baldosas moviéndose no pueden limpiarse bien y como además se aplica agua a presión para la limpieza todos los días en muchas zonas, éstas se encuentran impracticables. Pero hay zonas por las que nunca pasan las máquinas de limpieza y así vamos por calles que huelen a orines, que tienen en el suelo excrementos de pájaros de hace no meses, años, aceras con chorretones, vómitos, excrementos de perros,… que si, se han barrido, pero quedan los restos meses y meses, dando una sensación de dejadez ofende a propios y extraños.
Los distintos ayuntamientos has abierto siempre canales de comunicación con los vecinos para que estos denuncien y notifiques los desperfectos y las cosas que no funcionan en la ciudad. No está mal, pero entre los empleados y funcionarios municipales debe de haber personas encargadas de esto. ¿No deben los policías municipales notificar todo lo que se encuentran deteriorado? ¿No existen unos agentes dedicados a vigilar que no se hagan obras ilegales en la ciudad? Pues entre una policía municipal de barrio y esos agentes se pueden tener al día todos los desperfectos, que con un par de cuadrillas municipales de obreros estaría la ciudad perfecta, pero claro todo esto va en contra de los deseos de las empresas a las que se encargan las obras.
Todo esto se agrava con el planteamiento que se ha tenido de la ciudad en el ayuntamiento y que ya se ha tocado al principio. El ayuntamiento esta dedicado solo a la defensa de los intereses de los que les han llevado hasta allí y estos viven en el centro de la ciudad y alguna zona concreta, donde se centran todas las actuaciones municipales. Ejemplo de esto es que en los últimos veinte años se ha intervenido en la calle Ordoño II varias veces, lo que se ha justificado en que es una de las imágenes de la ciudad. Siguiendo ese ejemplo nos encontramos con el desastre del Casco Histórico, otra imagen de la ciudad, en el que no se han hecho más que remiendos horribles que han dejado las cosas, en muchos casos, pero que estaban.
El abandono de los barrios, sobretodo de los más alejados del centro es una constante, son ciudadanos de segunda, pagan impuestos pero reciben menos de lo que aportan.
Los desastres de esta ciudad no acaban con la especulación urbanística, el tráfico, las obras y la limpieza.
Las últimas corporaciones municipales han apostado por el turismo como uno de los motores económicos de la ciudad. Un turismo que está a su aire, al que nadie atiende y que funciona algo cuando son atendidos por los guías locales. Los monumentos de la ciudad no tienen ninguna placa en la que figure el nombre del palacio, iglesia,… y una pequeña explicación que acerque al visitante a la historia del mismo y de paso a la historia de la ciudad. E un momento, Luis Pastrana, cronista de la ciudad, consiguió que se pusieran placas en algunos puntos de interés para que propios y extraños supieran algo de la historia local. La dejadez municipal es tal que algunas han desaparecido sin interesar a nadie y en ningún momento se ha pensado en completarlas y así nos luce el pelo.
En muchas ciudades se ha negociado la creación de una tarjeta única para visitar todos los monumentos y museos de la población. Aquí no existe porque hay que negociar mucho y eso es un trabajo. La tarjeta que hay es solo comercial y mala.
En la apuesta turística solo se han centrado los esfuerzos municipales en la hostelería, una hostelería, salvo honrosas excepciones, basada en la explotación de los trabajadores, lo que repercute en la profesionalidad de los mismos. Se potencia el turismo de fin de semana, el turismo de borrachera y el turismo de despedidas de soltero al estilo Magaluf. El ejemplo es este año con la nefasta oferta de la Ciudad de la Gastronomía, que mientras el turismo crece en todo las poblaciones del entorno aquí ha bajado en cantidad y en calidad.
Esta idea de apostar desde el ayuntamiento por la oferta turística, dejando en manos de la Junta de Castilla y León la búsqueda de proyectos empresariales para la ciudad, lo único que ha traído son empleos temporales y de muy baja calidad y remuneración. .
La ciudad ha perdido, sobretodo por inacción municipal, la centralidad dentro del noroeste. Aquí estaban los centros territoriales de empresas como Telefónica o Renfe, entre otras, y se dejaron escapar en la mayor parte de los casos por interés político partidista para potenciar el triángulo Valladolid, Burgos, Palencia.
En este sentido ha influido el abandono de las comunicaciones. Nunca se ha podido explicar de forma correcta como se pudo cerrar el tramo ferroviario de Astorga a Palazuelo, que dejó sin ferrocarril a todo el oeste español, perdiéndose así la comunicación de la ciudad de León con las capitales provinciales del antiguo reino, Zamora y Salamanca y con Extremadura y Andalucía oeste. Tampoco se ha explicado porqué es posible que no tenga explicación, porque el ayuntamiento ha contribuido al desastre del tren de FEVE, que terminará como el de la Ruta de la Plata, desapareciendo y dejando León sin una comunicación importante con la zona noroeste de la provincia. Lo mismo pasó con la autopista de comunicación con Asturias, en ningún momento desde la Casa Consistorial nadie se opuso a que la vía fuera de peaje; lo mismo se puede decir de la autovía que une la capital con Astorga y la A-VI.
Este es nuestro análisis de los problemas de esta ciudad, que en su mayoría con culpa de los que nos están y han estado gobernándola durante los últimos tiempos. Los que tenemos una edad hemos ido viendo como la ciudad ha ido perdiendo fuelle, como se van alejando los jóvenes, como cada vez hay solo gente mayor, lo que se nota no solo en la calle, sino también en los bares, en los actos culturales,… y solo vemos gente joven en los puentes, las vacaciones,… cuando pueden dejar sus trabajos lejanos y volver al “terruño”. ¡Que le vamos a hacer! Cuando seamos el asilo más grande de España habremos conseguido algo.

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