Refugio XLVII: “Ponle un cero al tabaco”

Refugio XLVII: “Ponle un cero al tabaco”

Julia, la hija de Clotilde, la vecina de enfrente de la vivienda de Hala y Mazem, al fin había conseguido un trabajo de lo suyo. Pasaba consulta con el otorrinolaringólogo de uno de los ambulatorios de la ciudad. El primer día que visitó la consulta un laringectomizado, a Julia le impresionó un poco. El hombre aún estaba aprendiendo a hablar con el esófago, así que todo resultó un poco difícil, menos mal que el paciente, era un cielo de persona y la consulta acabó en risas.

Con el tiempo, Julia se hizo muy buena amiga de Ja-i-me, como él mismo pronunciaba su nombre. Gracias a él, Julia conoció la asociación de laringectomizados.      

El médico con el que trabaja Clotilde, es un joven que odia el tabaco. Según él es el demonio de la laringe, de la garganta y boca en general y de los pulmones, así que en conjunto con la asociación de otorrinolaringología, están preparando una campaña, para ir por los centros escolares, en compañía de tantos Ja-i-mes que hay, así los muchachos verán  cómo pueden acabar si comienzan a fumar.

Mordida existencial: Esta campaña “Ponle un cero al tabaco”, si que es una buena mordida de existencia. Como he comentado en renglones anteriores, gracias a la colaboración de las asociaciones de otorrinolaringología con las distintas  asociaciones de laringectomizados que hay en toda la geografía española y en colaboración con los centros escolares, un otorrino, acompañado de un laringectomizado, visitará el centro que haya solicitado la intervención para explicar, sobre todos a los jóvenes y adolescentes, que aún no han caído en el vicio, o están comenzado, las terribles consecuencias y los trastornos que conlleva fumar. En edad adolescente y de juventud, no somos conscientes de que podemos, en muchas ocasiones, tener un futuro de mejor calidad humana y física, por eso, los responsables de la campaña: “Ponle un cero al tabaco”, inciden en que es primordial que vean por si mismos el deterioro y el sufrimiento que ha tenido que pasar un laringectomizado. Desde luego si los jóvenes observan los estragos que hace el tabaco, seguramente se pensarán dos veces ponerse un pitillo en la boca. Mucho mejor así, porque dejarlo cuando uno ya tiene el vicio es…¡tan difícil! Así que por el bien común, todos debemos ponerle un cero al tabaco.

Manuela Bodas Puente – Veguellina de Órbigo.

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