Versos que se miran en los días

Versos que se miran en los días

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¿Qué hora es? / Me gusta verte sonreír. / (Casi lo habían conseguido: callarnos) / Paso de largo, no quiero rezar. / Indago en el transcurrir manso. / Traía prendido en su ser algún jirón de noche oscura. / Siempre es volver. / Te vi alejarte esquivando los charcos del camino. / Por un instante volvimos a ser el primer día. / Ojalá todos los tréboles tuvieran cuatro pétalos. / Tu nombre tiene sabor peregrino. / “Qué me importa”. / Bésame muy despacio. / La vida entera tiene memoria, mucha memoria. / ¿No tienes miedo? / No te falte el aire. / Dame el deseo que todo lo mueve. / Qué delicioso es amar aunque sea por error. / Bajo ese sucio azul, profundos despeñaderos. / Hay un instante en el que el silencio no es una tregua. / “¿Será hoy cuanto termine?”… / No sentirte más. / Se derramó ladera abajo sin dejar pistas. / Corazón de hielo y labios de espinas. / Indagar en el segundo siguiente. / Celosa de la tierra que le llenará la boca. / Sin dejar huella / caer en el vértigo. / Por última y única vez.

Todo los versos precedentes son de Cristina Flantains. Sin su permiso, me he puesto a jugar con versos de cada uno de los poemas que conforman su precioso, así me lo ha parecido, poemario “PHI”, para dar forma al texto anterior.

Ya sólo el título encierra un tremendo significado que vamos descubriendo a medida que recorremos las páginas de este libro. Cristina Flantains, además, ha querido jugar, no ya solo con el número phi, en sus páginas, encontramos muchos de los poemas reflejados en la página siguiente como si de un espejo se tratase, y a veces, como si fuese un trébol de cuatro hojas, hay un verso que no se doblega a su propia imagen en la página contigua y se repite como si allí el azogue no pudiera darle la vuelta.

Mordida existencial: Leer poesía es un ejercicio magnífico para dar salida a nuestros enigmas y a los dolores internos que algunas veces nos cierran el proseguir fluido. Leer poesía, es una forma de intentar encontrar explicaciones del día a día, del eterno fluir que nos transporta cada milésima de segundo a otro espacio distinto al que estábamos anteriormente. Y desde luego leer poesía, a veces, nos da muy buenas pautas para no dejarnos llevar por la rutina que nos envuelve sin remisión. Por eso este poemario de Cristina Flantains es muy recomendable para aunar inquietudes, saborear la pasión y llenarse de la filosofía que transita en sus versos y renglones.

Manuela Bodas Puente –  Veguellina de Órbigo.

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