Refugio XLIII – El león, la domadora y Khaled

Refugio XLIII – El león, la domadora y Khaled

Un león hambriento, ruge dentro de mí. Soy consciente de sus colmillos, de la fuerza descomunal que tiene. Busca su ración con ira. Está solo y no se avista nada que le pueda calmar. Pero presiente en la lejanía una figura que le traerá alguna solución. Poco a poco, toma forma la presencia de ella, se le acerca insinuante. Lleva algo en la mano, eso le parece. El león intenta levantarse para arrebatarle lo que sea que lleve en la mano, e incluso para comerse de un bocado aquella figura que se presenta tan atrevida. Pero el león no puede moverse, está preso en una dejadez absoluta. Ahora ella tiene las riendas, le recuerda a aquella domadora que tuvo en el circo antes de conseguir la libertad. ¡Sí! es ella, le sonríe y le llama. Intenta sujetarse sobre sus patas, y camina muy lentamente hacia ella…

            Simón es un enfermo al que cuida Khaled, después de sus clases en la facultad de Magisterio. Simón está encantado con el muchacho. Este refugiado que llegó hace unos cuantos años, está muy preparado y es una gran persona, que le dedica su tiempo con entrega y sinceridad. Así ha llegado a nacer una buena amistad entre ellos. Khaled es un gran artista en el arte del teatro de sombras, heredado de su padre y alguna vez, para que la enfermedad de Simón, se agazape durante un rato, Kaled interpreta con sus manos, historias que recuerda de cuando era muy pequeño y aún vivía en casa con sus padres y su hermano. Ahora no existen ni la casa ni sus padres. Una punzada rastrera de recuerdo le hace retorcer sus manos. En ese momento Simón se queja, en su vientre un león ruge y clava sus zarpas sin piedad. Kaled le acaricia la frente, intenta que aquel enfermo luche contra la enfermedad. ¿Hoy no has soñado?, le pregunta Kaled al enfermo.

            He tenido un sueño muy raro- dice Simón- seguro que tu con esa imaginación que tienes me lo interpretas.

            Simón le cuenta el sueño. Kaled le mira profundamente a los ojos. El sueño es una buena señal, le dice, tu cuerpo y tu mente están luchando y trasmiten al subconsciente sus cuitas. Verás, el león es la enfermedad, que quiere poseerte sin piedad y la domadora que aparece en el sueño es la muerte, que no se deja intimidar          por el león. Ella sabe que al final ganará, pero trae en su mano algo, no lo distingues en el sueño. Es la esperanza, te trae esperanza, aún no es tiempo de que te vayas con ella. Es un sueño muy alentador. Simón recobra la sonrisa.

Mordida existencial: En este relato totalmente inventado, quiero trasladar la angustia que cada uno tendremos que sentir cuando el viaje hacia la nada esté cercano, o en el caso de los refugiados, hacia otra vida totalmente desconocida en donde no sabes cómo te recibirán, ni si tendrás ocasión de poder rehacer tu vida. Otra vida a la que te han obligado circunstancias totalmente inesperadas y adversas. Son dos viajes que parecen distintos, aunque son bastantes similares. Todos llevamos un refugiado dentro, porque ¿quién no tiene en su adeene algún ancestro que tuvo que refugiarse posiblemente en el otro lado del mundo?

Manuela Bodas Puente – Veguellina de Órbigo.

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