Refugio Capítulo XXVIII

Refugio Capítulo XXVIII

Impactos: 122

Desde la letra impresa del libro, se salpicaron en sus iris imágenes pasadas, los olivos frente a casa, el corazón aturdido por los primeros bombardeos, la náusea continua de la incertidumbre, la tenia interior que roe todos los planes de mañana, su hermana dibujando en la habitación, casi a oscuras para vender las láminas en el zoco, la luz matinal disipando las sombras de la noche, el aroma del warbat que tan exquisito le salía a madre, la luna entre los pechos lejanos del horizonte.

-¡Eh Hala vuelve! Se ve que ese libro te ha llevado a otro espacio. Mazem acarició el pelo de su mujer que sentada en la mesa con un libro abierto, había volado a un país llamado nostalgia.

– ¿Quién conduce los carros de la guerra Mazem? ¿Quién nos arrebató de un plumazo todo lo que teníamos y éramos? Mazem cogió una silla y se sentó enfrente de su mujer, tomó sus manos entre las suyas.

– Tenemos que seguir y darnos fuerzas pensando que estamos vivos, sin nuestras raíces, si, pero hay que obligarse a pensar que tampoco es tan importante dónde se vive, sino cómo. Además nuestros hijos, están creciendo en un país en el que pueden sentirse seres humanos libres. Hala miró a su compañero llena de ternura.

– Eres un ser humano especial, das calma Mazem. He tenido mucha suerte de haberte  encontrado en mi camino. El brillo de sus ojos impulsó a Mazem a levantarse y darle un apasionado beso a su esposa.

-¿Estás loco? Los hijos están en casa, pueden entrar en la cocina y mira que panorama.

– A nuestros hijos les encantaría ver a su padre loco por su madre. Ya sé que nos educaron para no enseñar nuestros sentimientos, pero no hay nada malo en ello.

– Si nos vieran nuestros padres. Replicó Hala con un destello de sal en los ojos.

– Y los hermanos, y los amigos, y todos los que han quedado en aquel infierno. Si nos vieran, si pudieran vernos, sería precioso, querría decir que muchos de ellos no habrían perdido la vida y que estaríamos juntos.

Mordida existencial: La vida nos da la energía, y nos la quita. Algunas veces me pregunto: ¿Qué hubiese sido de mí si hubiera nacido en un lugar dónde reinaran la violencia y la sinrazón? No quiero hacer muchas cábalas al respecto. Supongo que añadiendo a la violencia y la sinrazón, la suerte extraordinaria, biológica y genética de ser mujer, me dejaría muy pocas alternativas de haber llegado al año 2018.

Manuela Bodas Puente – Veguellina de Órbigo.

Compartir