Refugio – Capítulo XXXV – EL MÓVIL

Refugio – Capítulo XXXV – EL MÓVIL

             -No me lo puedo creer. Una persona tan válida y tan capacitada en su trabajo y ahora, tendrá que coger la baja.

-¿Pero nadie se había dado cuenta? ¿Ninguno de vosotros notaba su dependencia?

-Lo habíamos comentado, pero como tenía que usarlo mucho por el trabajo, pues tampoco le dábamos tanta importancia. Lo que no sabíamos era que en casa estaba todo el día con el móvil en la mano, y hasta en el camino de casa al trabajo.

Ahmad, que precisamente estaba metido en un estudio de la incidencia de los móviles en el cerebro humano, tomó a Julia de la mano y le comentó:

– No le damos la importancia que tiene, pero habrá que gestionar de alguna manera todo lo que se avecina en unos años. Cada vez estamos menos con las personas y más con las máquinas. Aún no se sabe qué efectos puede tener esto en la inteligencia, ni en los afectos, ni en las  propiedades cognitivas de las personas, pero lo que si está claro es que las pantallas están restando tiempo a las relaciones humanas, y eso no parece muy positivo.

 Ahmad dejó de hablar y tomó las manos de Julia. Sus pupilas se perdieran en el mar verde de los iris de su amada.  Por su parte Julia, se dejó invadir por el cálido embrujo que la embargaba cuando estaba con su querido Ahmad. Julia y Ahmad habían afianzado su relación. Cada vez se sentían más unidos, se complementaban cada día mejor.

Un solfeo requeteconocido y requeterepetido, rompió aquella estancia de felicidad y cortó la corriente amatoria que se intercambiaba entre los dos.

-¡Perdona! No lo he apagado, es que estaba esperando una llamada de una compañera, nos vamos a reunir todos para estudiar cómo podemos ayudar a nuestro amigo.

-Tranquila, lo entiendo. No has incumplido nuestro pacto. Esto es una causa de fuerza mayor, pero nos ha roto un precioso momento íntimo.

Julia contestó al teléfono móvil y luego besó a Ahmad.

Mordida existencial: Ya hay datos que respingan a uno, respecto a las dependencias de las nuevas tecnologías.

¿Nos cuidarán las máquinas dentro de diez años? Pero… ¿Qué pasará cuando se fabriquen ejércitos de máquinas?

Manuela Bodas Puente – Veguellina de Órbigo.

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