Refugio  Capítulo XXIII

Refugio Capítulo XXIII

-¿Qué te ha sucedido Mazem? Preguntó angustiada Hala, al ver en el brazo de su marido una pequeña venda.

           – Calma mujer. No es nada. Hace unos días cuando iba al trabajo, leí en un cartel que hoy, en el centro de salud por el que paso cada día, se hacía recolecta de sangre. Podía donar todo aquel que tuviese más de dieciocho años, que estuviese sano y que quisiera colaborar con tan buena causa. Había en el cartel unas frases que me cautivaron “Tu sangre es mi sangre y mi sangre es tuya. Si donas, el reflejo de tu luz, me guiará en el destierro de la enfermedad”. Así que hoy, al salir del trabajo entré en el centro para donar sangre. Por eso este pequeño vendaje en mi brazo.

           – ¡Pero si le tienes pánico a las agujas!

– En el trabajo, un compañero que es donante, me explicó que las personas que llevan a cabo esa labor, son tan profesionales, que ni te enteras del pinchazo. Y lo pude constatar, ni me enteré.

-¿Entonces me recomiendas que yo también vaya mañana y done sangre?

– ¡Por supuesto, ya lo creo! Luego me contarás lo bien que uno se siente después de saberse útil. Para no carecer de sangre cuando la necesitemos, tendremos que haber sembrado antes el campo de la generosidad y solidaridad mientras la salud nos lo permita. Mientras estaba en la camilla, viendo cómo mi sangre pasaba a ser destino de existencia, me acordé de todos los nuestros y de los conocidos que por falta de ella, habrán perdido la vida.

Mazem no pudo continuar, las lágrimas anegaban los recuerdos. Hala le abrazó y se unió al llanto. Ellos y sus hijos habían podido salir del acantilado oscuro de la guerra a tiempo, y estaban en un país en el que podían seguir con su destino. Muchos de sus familiares y amigos, si aún vivían, estarían palpando las sombras y las cenizas de una vida que les habían amputado.

Mordida existencial: La mordida de hoy está dedicada a todo el tejido que forman los profesionales y los delegados de cada pueblo, para que la Donación de Sangre sea posible. A todas las personas que participan y modifican con su generosidad y solidaridad la urdimbre buena que el ser humano trae inscrita en su adeene, y dejan su rojo néctar en la bolsa de la vida.

Si aún no eres donante, el próximo viernes, día tres de noviembre, puedes darte ese regalazo. Ven a donar sangre en Veguellina de Órbigo en el consultorio médico.

Manuela Bodas Puente – Veguellina de Órbigo.

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