Refugio Capítulo XXII

Refugio Capítulo XXII

Como siempre en la cocina de Hala, olía a gloria. Se debía a que cuando venían los hermanos Khaled y Ahmad, que habían compartido tienda con ellos en los primeros días del éxodo, Hala preparaba platos de su país. Siempre que se reunían, recordaban también canciones, incluso alguna vez se había atrevido, muy suavemente para no molestar a los vecinos, a marcarse alguno de los bailes de su tierra.

           Ahmad y Khaled querían a Hala y a los demás como si fueran su propia familia, de hecho lo eran, habían convivido juntos en momentos terribles.

           Samir sacó su cuaderno de dibujos para mostrárselos a su amigo Ahmad. Era muy bueno con el lápiz y los trazos. Había creado una tira, en la que en cada bocadillo de la misma, evocaba una escena del día en el que casi se muere, en el incendio del bosque de no haber sido por su amigo Ahmad que le salvó.

           -¡Samir, eres un monstruo! Fíjate lo bien que está expuesto en viñetas lo que nos sucedió. Esto es digno de ser publicado, para que se pueda leer y admirar tus dibujos. ¿Lo mandarás a alguna editorial? –No, se lo voy a llevar a una ONG para que lo publiquen ellos y con lo que saquen, puedan ayudar a los compatriotas que han tenido mucha menos suerte que nosotros.

           En la mesa se hizo el silencio. Las lágrimas flotaban en el aire. Aquella idea era hermosa y solidaria. Samir les agradeció la atención y el apoyo a todos, se sentía pletórico y comenzó a entonar una canción que le había enseñado la hermana de su madre. Poco a poco se fueron uniendo todos para formar un coro lleno de remembranza. La vida con ellos se estaba portando, y lo sabían.

Mordida existencial: Vaya hoy la mordida para todos los que se han visto obligados a salir de sus casas y se han encontrado con la pobreza y la humillación de frente. La vida necesita que el hombre vuelva a cordura. Ella, la vida que sabe y nos enseña, a veces, se pone aviesa porque la provocamos, la maltratamos, la vilipendiamos, sin saber que ella manda, que ella es naturaleza, existencia, oxígeno y camino por donde transitar. La vida necesita que el hombre se instale en la inteligencia que le fue regalada. Necesita que nos metamos en la piel del que sufre para poder entenderle, sin que por ello tengamos que dejar de ser nosotros mismos. La vida necesita que seamos respetuosos, para poder ser objeto de respeto.

Manuela Bodas Puente – Veguellina de Órbigo.

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