Refugio Capítulo XVIII

Refugio Capítulo XVIII

En el corazón de Mazen, el marido de Hala, se produjo una ola de alegría al llegar a casa. Hoy por fin, volvía a ocupar su puesto de trabajo. A su esposa se le abrieron las manos para abrazarlo:

¿Ves como todo se va arreglando? Aquí podremos construir nuestro segundo hogar. Le estoy muy agradecida a esta tierra que nos ha acogido y en la que podemos llevar una vida normal. Además nuestros hijos, tienen acceso a una buena educación.

Es que tu eres más positiva Hala. Su compañero la miraba con estrellas en los ojos. Su amor seguía intacto, a decir verdad, había crecido. Aquella mujer, era incombustible, siempre seguía, no se detenía. Las lágrimas le inundaron los ojos.

¿Y esto? Preguntó Hala. Es que mirándote, no me preguntes qué me ha traído el recuerdo, te veo en el primer campamento, haciendo cola para conseguir comida, sonriendo, hablando con otra mujer, que también sonreía, y al final yo también sonreí. ¿Qué habríamos hecho sin ti? La abrazó lleno de gratitud.

Ghada, su hija pequeña, entró en la cocina a tal tiempo y aplaudió al ver la escena, se unió al abrazo. Como diría un español: ¿Qué se está cociendo aquí?

Mazem explicó a su hija el motivo de su alegría. Volvía a tener trabajo y así no andaría deambulando por la casa como un alma en pena, eso era lo que le decían. Por fin saldría de casa todos los días con la alegría de sentirse útil

Lo que no sabía Mazem, era que al día siguiente, justo cuando iba a abrir la puerta del almacén donde trabajaba, dos hombres se le acercaron y uno con cuchillo en mano le soltó: -Vas a tener que andarte con mucho ojo, nos estáis quitando el trabajo. ¡Volved a vuestro país y dejar el nuestro para nosotros!

El encargado le preguntó si estaba enfermo, le veía tan pálido. No, tranquilo, estar perfectamente, es que ser de poca pigmentación. Un compañero, se acercó y le comentó al encargado: Hay unos  mangantes que andan  asustando al personal, seguramente Mazem se los ha encontrado. Ya sabes, dicen que los extranjeros han venido a quitarles el trabajo, y ellos no la han marcado en la vida. Tranquilo Mazem, esos no se atreven a nada.

Pero tener cuchillo. Estar asustado. El encargado comentó: Si te vuelven a molestar, me lo dices, y ahora,  dejemos la cháchara y pongámonos a la tarea.

Mordida existencial:           Un gran español como Ramón Menéndez Pidal dijo: “Pon toda tu alma en lo que hagas”. Si tuviéramos en cuenta este pensamiento seríamos, al menos un poco más serios y más consecuentes con nosotros mismos, también más respetuosos con el que tenemos enfrente. Es bueno recapacitar y pensar que mañana,  puedo ser yo el que esté en el otro lado, en el lado roto de la vida.

Manuela Bodas Puente – Veguellina de Órbigo.

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