Refugio Capítulo XI

Refugio Capítulo XI

Lo siento, pero de momento no te voy a necesitar más. Esta temporada es baja respecto al turismo y no puedo permitirme tener trabajadores. No creas que te despido por ser de otro país, de otra religión y de otras costumbres. Eres un trabajador extraordinario, además de una buena persona, te he observado ayudando a tus compañeros,  y eso es lo que a mí me importa, pero voy a tener que prescindir de casi todos los trabajadores esta temporada. Si no hay trabajo, no os puedo pagar el sueldo.

Y no zabrás de alguien que nesesite manos y cabeza para trabajar, en lo que sea. ¿Cómo voy a mantener a familia?

Me siento triste por esto Mazem, pero no puedo seguir pagándote un sueldo que no gano. Si supiera de alguien, sin duda te recomendaría, pero en esta época el trabajo está muy mal por aquí. Dentro de unos meses, será distinto. No dudes que te llamaré. Créeme, lo siento. El patrón le tendió la mano a modo de despedida.

Los árboles boqueaban entre la niebla que envolvía a la ciudad aquel día. Los bancos del parque que Mazem atravesaba para ir al trabajo cada mañana estaban vacíos. El frío se colaba entre los resquicios de la tristeza que asolaba a Mazem. Deambuló un buen rato por entre el parque,  hasta que sus huesos le pidieron calor.

¡Mazem qué hacer aquí tan pronto! ¿Te ha ocurrido desgracia?

Mazem dejó caer su cuerpo a plomo en la silla. En sus ojos vidriosos, la vida peleaba por hacerse fuerte. Hala se agachó hasta que su mirada, estuvo a la misma altura que la de su esposo. Le tomó por la barbilla llena de cariño.

¿Pasar algo en trabajo? ¿Te duele algo?

Mazem se abrazó a ella y comenzó a llorar: Poco trabajo, ahora un tiempo sin sueldo. ¿Cómo vamos a tirar adelante?

Hala colocó otra silla enfrente de su marido: Mazem después de lo que hemos pasado, esto no te puede trastornar. Algo saldrá, no puedes venir abajo. Eres fuerte, nunca había visto así.

¿Sabes? Hoy cuando crucé el parque, la niebla se metió en alma. Recordé nuestra trayectoria y pensé,  de haber sabido este fin, hubiera quedado solo en vida, así nadie sufriría.

Hala lo abrazó: No está bien que hables así. ¿Qué habría sido de mí? Prepararé un té. La vida sigue compañero, la vida sigue y vendrán tiempos mejores.

Mordida existencial: El hombre se precipita en guerras, siempre absurdas, que solo muestran lo peor de la esencia humana. El pasado 26 de abril,  ha sido el ochenta aniversario del bombardeo sobre Guernica. Pero después de ochenta años, en muchos lugares del planeta, la vida sigue a duras penas. Cada día mueren y sufren millones de personas. Y una se pregunta si ningún científico estará trabajando en una vacuna contra el egoísmo.

Manuela Bodas Puente – Veguellina de Órbigo.

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