Refugio Capítulo VIII

Refugio Capítulo VIII

La cebra de la pared, marcaba los rayos del sol, augurando un buen día. Hala despertó y se quedó sumida en la cebra, contando las rayas de la pared, para espantar el recuerdo. Decidió levantarse sonriente, mirando a la vida con valor. Ella había tenido mucha suerte, estaba a salvo con su familia en un país al que se tendría que acostumbrar, pero al que daba gracias por haberles permitido un hogar. Prepararía un buen desayuno para iniciar el día con alegría. Recordó que tenía dos invitados.

El aroma que salía de la cocina, se introduce en las pituitarias de Ahmad, que ha dormido con Samir. Sin moverse, para no despertar a su amigo, deja que su  nariz se inunde del aroma del warbat. Por un momento se creyó casa, dispuesto a salir corriendo hacia la cocina para abrazar a su madre por preparar su desayuno favorito. Las lágrimas anegaron su corazón, era huérfano, no tenía ni techo que era el padre, ni suelo que era su madre, se ha quedado en el aire, sin sujeción, huérfano. Se tragó las lágrimas y recordó que en el aire también estaba Khaled, su hermano. Con mucho sigilo, para no despertar a su amigo, Ahmad se levanta y se dirige a la cocina.

           -Buenos días Hala. Me ha despertado este maravilloso aroma. ¿Puedo ayudarte?

En esos momentos, el sonido de unos nudillos, suenan en la puerta de entrada a la vivienda. Hala se dirige a la misma, seguida de Ahmad.

           -Buenos días. Perdonen. Es que, es queeee. Verá es que hoy me he levantado con la artrosis disparada, no podré bajar a por el pan. Ahmad se adelanta y le dice que no hay ningún problema, que él traerá el pan.

La buena mujer le explica dónde está la panadería: – De paso, si no te fuera mucha molestia, también podrías acercarme una docena de huevos y un litro de leche.

Mientras Ahmad hace el recado, Hala invita a la anciana a su cocina: -Pase, estoy haciendo el desayuno para la familia.

Aquella mañana, en la mesa de la familia de los refugiados, se sentó otra refugiada más. Refugiada en absoluta soledad. Refugiada en su propia casa, sin la única hija que tenía, porque tuvo que emigrar a Inglaterra. –Aquí las cosas se pusieron muy malas también. A mi hija, de la noche a la mañana, la dejaron en la calle, sin trabajo, así que no tuvo más remedio que irse.

Mordida existencial: Hoy es lunes, pero cualquier día de la semana es bueno para agradecer a la vida estar y ser, sin que las convulsiones de la existencia te expulsen de tu propia identidad, ni de tu cultura, ni de tu gente, ni de la libertad de ser quien quieras ser.                                                 

Manuela Bodas Puente – Veguellina de Órbigo.

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