La cuerda

La cuerda

El rebaño pastaba mansamente, como es costumbre en las ovejas. Casi nada las asusta.

Los perros guardianes están colocados en su sitio, vigilando. El pastor, a lo suyo, oteando horizontes de esperanza, perdiendo su mirada entre el mar de nubes y el rebaño, soñando, dejando su mente en blanco y negro y negándose a mirar más allá del día de mañana. Con su cayado trazaba círculos en el suelo.

Un corderillo no pastaba. Estaba harto de la hierba de aquel prado. Vigilaba, escondido en medio del rebaño, a los perros y al pastor. Poco a poco iba caminando hacia la orilla. Su madre lo recogía y lo volvía a su sitio. Una y otra vez intentó escapar pero no pudo. Resignado, se puso a comer la hierba que no le gustaba y a soñar con otros mundos y con otras oportunidades.

La fuerza de la costumbre, los hábitos adquiridos en lustros de amaestramiento, la tozudez de las ovejas y su propio sino de animal de manada, hacen que el cordero no pueda plantear otras cosas distintas.

Nadie puede acercarse a la cuerda que separa pastizales y probar si es verdad que da calambrazos en el hocico. Nadie duda de la sabiduría de sus madres y abuelas y nadie pone en entredicho la eficacia de pastores y perros guardianes.

Todo sigue igual.

Esto es realidad en las manadas de ovejas. Y no es menos cierto en las manadas de personas. Somos iguales que las ovejas. O lo que es lo mismo, somos borregos.

Los borregos son aquellas personas que siempre tienen que hacer lo mismo que hacen los demás: si los otros se casan, ellos se casan, si tienen hijos, lo mismo, si celebran fiestas pues a celebrar fiestas…. y si leen el Codigo da Vinci, pues ellos van y lo leen y encima se lo creen porque como no tienen ni idea de nada, se creen cualquier cosa que tenga éxito. Y encima, van y se construyen sus chalets basándose en códigos exotéricos de números raros o se dedican a aprender a bailar la danza del vientre. Su cabeza tiene la misma capacidad que tienen las ovejas: son guiadas por los perros guardianes y más vale no salirse del camino indicado.

¿Y si alguien se sale de ese camino? Pues lo crucifican, o le hacen la vida imposible, no por el hecho en sí de ser diferente sino por pura envidia de que ellos no pueden ser diferentes y eso les reconcome tanto que tratan de anular a todo aquel que piense diferente. Ya lo han dicho antes: “mala reputación”.

Cada día que pasa veo más borregos a mi alrededor. Son todos esos que son marxistas cuando está de moda ser marxista, existencialistas cuando se lleva, compran coches determinados, van a esquiar y a estropear todo el monte cuando la moda es hacerlo, o se compran la moto y se dedican a pasear por las carreteras haciendo el gilipollas. No es que les guste andar en moto o tengan una filosofía “motil” como dicen ellos. Simplemente van en moto porque quieren emular a sus ídolos moteros de los que no saben nada ni les importa nada y tienen que hacer la vida imposible a los demás. Y encima, como este tipo de gente suelen ser personas pudientes (hijos de papá que decían en mi época), ningún agente de tráfico les dirá nada e incluso sus papás (ingenieros ellos y/o colocados en puestos claves de los organismos oficiales correspondientes) les hará caminos por las montañas para que puedan pasear y estropearlo todo.

Han percibido en su corta mente, que eso que se lleva es lo más importante del mundo y se olvidarán de ello cuando ya no se lleve. Pasarán de la bici de montaña a la moto, de ahí al todoterreno, al quad, al pickup… al esquí, a la tabla esa… a la fotografía, a la numerología… a las gafas rojas, a las patillas, blogers o demás gilipolleces de cada momento.

Y creerán que lo saben todo porque han leído un panfleto donde lo explica, o peor aún, porque lo han leído en Internet.  Sabrán más que nadie de motos, de fotos, de esquí, de lo que sea. Y escribirán libros y los gilipollas del rebaño dirán encantados : ¡cuánto sabe! y seguirán su marcha en rebaño, por la cañada de siempre, guiados por sus perros guardianes y por los pastores y vigilando que nadie se salga de él. Y serán los sabios de todo y comprarán más tonterías que nadie y seguirán creyendo que son los guardianes de la sabiduría absoluta. Se titularán a si mismos como intelectuales, cuando casi no saben leer, confundirán a un artista de cine, o a un constructor rico, con un intelectual porque tienen la misma poca inteligencia que ellos.

Y se casarán y tendrán hijos, y estafarán a hacienda, y se aprovecharán de sus puestos de trabajo para comprarse cosas (casas, vacaciones pagadas, viajes…) a cuenta de los demás, y tratarán siempre de estropear todo lo bueno que puede tener la vida.

Porque ellos son solo eso: rebaño.

Y porque un rebaño siempre dependerá del corderillo valiente que arrimará su hocico a la cuerda para ver que pasa. Pero seguro que no serán éstos ni ninguno de sus descendientes (borreguillos bien amaestrados, con sus trajecitos de procesión y todo).

Alguien lo hará por ellos y ellos, camaleones natos con experiencia de muchos lustros, reptarán hacia la nueva senda y babearán nuevamente por el nuevo camino hasta que lo dejen tan sucio como ello mismos.

 

Angel Lorenzana Alonso

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